¿ABSENTISMO O SALUD LABORAL?

La patronal ha entendido que el castigo y el látigo ya no le sirven porque ha encontrado una herramienta mejor para alcanzar sus objetivos, la manipulación del lenguaje. No es lo mismo hablar de "incapacidad temporal" que de "absentismo". Una baja médica no es un abandono voluntario del trabajo; es una situación reconocida por un profesional sanitario cuando la salud del trabajador le impide trabajar. Mezclando interesadamente ambos términos nos trasladan la responsabilidad a los de siempre, desviando el foco del verdadero problema: unas condiciones laborales que empeoran y que contribuyen progresivamente al desgaste físico y mental de quienes aportamos el beneficio con nuestro esfuerzo y sudor diario. Se nos repite que la automatización, la robótica y la inteligencia artificial han llegado para hacer el trabajo más fácil, y es cierto que la tecnología ha eliminado algunas de las tareas más pesadas, como también es cierto que el control al que nos someten es más férreo y estricto que nunca. Cada movimiento, cada incidencia y cada rendimiento pueden medirse y evaluarse con precisión para optimizar procesos y aumentar la productividad sin tener en cuenta los límites humanos, lo que se traduce en una mayor sobrecarga física y mental. Las personas no somos máquinas que puedan engrasarse, recibir una puesta a punto y seguir funcionando indefinidamente al mismo ritmo. El cansancio, el esfuerzo, el dolor, la edad, la turnicidad y, en definitiva, el desgaste, forman parte de la realidad de la clase obrera. En todos los sectores laborales el desgaste puede adoptar infinidad de formas que trascienden las lesiones puramente físicas o traumáticas. Siempre vigilados, sufriendo la presión constante por alcanzar objetivos, las evaluaciones permanentes, los incentivos ligados al rendimiento, etc. Todo ello puede favorecer situaciones de estrés crónico, ansiedad, agotamiento emocional e incluso depresión. Detrás de cada baja médica hay una persona, una familia y, en muchos casos, años de esfuerzo acumulado. Cuidar la salud de quienes trabajan no es un gasto ni un privilegio: es una obligación ética, una responsabilidad social. Revisar los ritmos de producción, mejorar la ergonomía, adaptar los puestos, prevenir lesiones, reducir los riesgos psicosociales y favorecer una recuperación adecuada probablemente sea mucho más eficaz que alimentar de forma permanente la sospecha sobre quien presenta una baja médica justificada. Una sociedad que culpa sistemáticamente al trabajador enfermo, es una sociedad realmente enferma, que ignora las causas reales del problema. La prevención siempre será más inteligente que la desconfianza y la salud laboral debe entenderse como una responsabilidad compartida por patronal y administración y defendida en colectivo por la clase trabajadora. Salud, acierto y DIGNIDAD
Valladolid, a 10 de Setiembre de 2026
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